Selene se llama. Es mi vecinita, y dentro de poco más de un mes cumplirá sus dos años de vida. Sabe lo que es luchar porque nació a los siete meses de gestación, con un peso que lógicamente no era el adecuado y con un monton de trastornos que los médicos no veían con buenos ojos. Sin embargo, y a pesar de aquellos primeros pronósticos desalentadores, pudo salir adelante.
Hoy ya no tiene secuelas, es como si hubiera nacido en el tiempo debido. Hace minutos nomás estaba en la puerta de casa con su papá (que charlaba con el mío), como casi todas las noches. Pero hacía mucho que yo no la veía.
Me sorprendí, me sorpendí gratamente cuando la ví. Bastante grande ya, dando pasos firmes aunque por momentos con un poco de inestabilidad y balbuceando sus primeras palabras. Esa era la atracción del momento, escucharla decir mi nombre, el de mis hermanos, el de mi mamá, el de mi papá. A su manera lo decía, claro.
Pero de pronto, esas palabras sueltas, se ven interrrumpidas por el ruido de una moto que pasaba por la calle;
"la moto" decía señalando el vehículo. Sonreímos porque era la primera vez que la escuchábamos decir algo espontáneamente, y allí también de manera no forzada, ella lanzó una carcajada -eso sí, tapándose la boca - A partir de ese momento, empezó a responder a más preguntas, cómo qué había comido, dónde estaba la hermana, si le tenía miedo a las motos.
Su padre le preguntó qué le había enseñado a decir el abuelo. Ella movía los labios haciendo la mímica, pero no decía la palabra. Hizo eso tres o cuatro veces, hasta que finalmente se atrevió a decir
"uta" y las carcajadas volvieron a soltarse. También, nos mostró qué gestos hace cuando alguien noo está del todo bien (coloca su dedo índice en la sien, y lo gira como si estuviera atornillándose la cabeza) ó cuando alguien se pone pesado (coloca las palmas de las manos hacia arriba, y las sube y las baja al mismo tiempo). Por momentos, las carcajadas iluminaban el barrio, que por esas horas estaba sin luz en sus calles.
Se despidió, saludando con su manito, y tirando un beso a cada uno de nosotros.
Entré a casa nuevamente, y pensé en cuánto había pasado en tan poco tiempo. Estaba contento...
Pero después también seguí trabajando mi cabeza, y pedí por favor que el tiempo no siguiera pasando para ella, por lo menos por ahora. Que siguiera en ese mundo en el que soltar una sonrisa es tan fácil como conseguir una dosis de paco en este. Que continúe en ese mundo en el que "puta" es apenas un término para que el resto se ría; lejos está de ocupar el rol de cualquiera de los tantos agravios que oímos día tras día por los medios de comunicación. Qué siga en ese mundo en el que ella misma determina quién "tiene que atornillarse la sien"; y no en este mundo en el que, aunque no nos demos cuenta, nos imponen quién es tal o cual cosa. En fin, que continúe con esa sonrisa fresca, esa mirada nítida, esas ganas de luchar, esa picardía sana, esa alegría a flor de piel, pero que siga en ese mundo... mientras intentamos que todas esas cosas sean importantes y valgan la pena en este mundo...