"DE TODO UN POCO" ES UN BLOG QUE BUSCA, EN PRINCIPIO, NO DELIMITAR SUS PROPIAS FRONTERAS. EL TIEMPO SE ENCARGARÁ DE DARLE FORMA A ESTE ESPACIO QUE NACE SIMPLEMENTE COMO UN MEDIO DE EXPRESION EN EL CUAL SE PUEDAN REALIZAR PUBLICACIONES DE DISTINTA INDOLE. LOS ARGENTINOS ESTAMOS ACOSTUMBRADOS A IMPROVISAR UN POCO Y DEJAR QUE LAS COSAS FLUYAN... EN ESTE SITIO, UNA MUESTRA DE ELLO.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Vivir esperando...

Vivimos esperando no sé que cosa. Todo el tiempo renovamos nuestras aspiraciones, casi sin darnos cuentas de la dinámica con la que lo hacemos. Queremos estudiar esa carrera; cuando la estamos estudiando, queremos trabajar de eso que tanto nos gusta; cuando trabajamos de eso, queremos un ascenso. Vivimos esperando. Esperamos que llueva porque el calor nos está matando. Esperamos que vuelva el calor porque la lluvia es un bajon. Esperamos ese llamado que tanto tarda en llegar. Esperamos el finde desde el día lunes. Esperamos las próximas vacaciones. Esperamos que sean las 00:00 del 1 de enero. Esperamos que termine la hora de trabajo cuando nos estamos dirigiendo a él. Esperamos la siesta que dormiremos, apenas abrimos los ojos. Esperamos la persona ideal. Esperamos el parto a los tres meses de embarazo.
Esperamos la cena, cuando apenas son las tres de la tarde. Esperamos que lleguen las visitas, y después, esperamos que se vayan. Esperamos el colectivo que nos lleve de vuelta a casa. Esperamos un abrazo. Esperamos el próximo feriado. Esperamos el próximo encuentro con los amigos, sin disfrutar del que estamos viviendo. Esperamos que esa noticia nunca llegue. Esperamos que la hora de levantarnos tampoco. Esperamos que no haya mucha gente en la fila del banco. Esperamos la nota de un examen. Esperamos el diagnóstico del médico. Esperamos jubilarnos.

Estamos todo el tiempo esperando cosas, y eso está bueno ya que esas aspiraciones nos sirven de motor para seguir progresando. Pero el problema está en que muchas veces nos concentramos demasiado en ese afán de querer más, de manera tal que no nos detenemos a pensar que en este preciso momento estamos logrando aquello que hace un tiempo atrás era apenas un deseo.
Que la dinámica de nuestra vida no logre impedir que nos demos cuenta que día tras día vamos logrando cosas que nos propusimos, por más pequeñas que sean. Tomémonos un tiempo, aunque sea cada tanto, para darnos cuenta que vamos deseando más cosas, porque ya logramos otras que nos habíamos propuesto. Sólo así, la espera se transformará en el mejor tiempo perdido, porque nos ha servido para crecer.

sábado, 13 de febrero de 2010

Camino al Bicentenario

Hijos míos:

Falta poco para que llegue a mis doscientos años. Supongo que ya todos lo saben, puesto que en nombre de ese acontecimiento ya hay un logo, un slogan, y me están armando una gran fiesta. Hasta quisieron usar las reservas del Central invocando esta celebración.
La verdad, no sé cuántas cosas se taparán con este cumpleaños mío, a eso tienen que estar atentos ustedes; pero es innegable que no es una fecha más. Por lo menos para mí. Desde aquel Primer Gobierno Patrio conformado el 25 de mayo de 1810 (no sin problemas) hasta el actual (con varios percances) han pasado muchas cosas con las que me alegro, me arrepiento, me entristezco, me emociono, y experimento muchas sensaciones más.
A diferencia de ustedes, yo pude observar todo el proceso de formación de nuestro país. Hemos crecidos, es evidente que no vivimos como en aquellos orígenes. Logramos organizarnos, dividir el territorio, establecer leyes, recuperar y defender el sistema democrático, recurrir a caminos diplomáticos en vez de a las armas, integrarnos en un bloque económico, insertarnos en organismos internacionales. Pudimos construir hogares, rutas, calles, edificios; tenemos luz, agua potable, gas, teléfono, internet.
El problema es que sólo lo pueden disfrutar algunos.
Viví todas sus felicidades. Desde la primera -el mismísimo 25 de mayo de 1810-
hasta la última –la vuelta de la democracia-. También entristecí junto a ustedes con los enfrentamientos entre unitarios y federales que dividían a todos, las dictaduras padecidas, los atentados sufridos, las injusticias cometidas, la guerra de Malvinas, los índices de pobreza superando el 50 % de la población, los cacerolazos, las tragedias vividas, por nombrar algunas de las cosas.

Que “Camino al Bicentenario”, no les resulte un slogan pegadizo más… que sea una actitud de reflexión sobre lo que he vivido en estos dos siglos. Ojalá que de esa reflexión surja un punto de inflexión en la sociedad, de modo que se de cuenta que hasta ahora ha producido grandes avances y también grandes injusticias, que ha cometido muchos aciertos y grandes errores, que ha vencido y ha sido vencida, que ha sido el granero del mundo pero que los chicos se mueren de hambre, que ha formado grandes profesionales pero no encuentran empleo, que ha creado grandes médicos pero que no tienen los recursos para atender a los enfermos, que cobijo a héroes y Premios Nóbel y a grandes asesinos y corruptos, que echó la culpa al otro y no se miró al espejo, que encontró la cura a muchas patologías excepto a la mano del hombre, de algunos hombres.

Hasta un nuevo contacto.
La Patria Argentina.

jueves, 11 de febrero de 2010

Que siga allí, en ese mundo...

Selene se llama. Es mi vecinita, y dentro de poco más de un mes cumplirá sus dos años de vida. Sabe lo que es luchar porque nació a los siete meses de gestación, con un peso que lógicamente no era el adecuado y con un monton de trastornos que los médicos no veían con buenos ojos. Sin embargo, y a pesar de aquellos primeros pronósticos desalentadores, pudo salir adelante.
Hoy ya no tiene secuelas, es como si hubiera nacido en el tiempo debido. Hace minutos nomás estaba en la puerta de casa con su papá (que charlaba con el mío), como casi todas las noches. Pero hacía mucho que yo no la veía.
Me sorprendí, me sorpendí gratamente cuando la ví. Bastante grande ya, dando pasos firmes aunque por momentos con un poco de inestabilidad y balbuceando sus primeras palabras. Esa era la atracción del momento, escucharla decir mi nombre, el de mis hermanos, el de mi mamá, el de mi papá. A su manera lo decía, claro.
Pero de pronto, esas palabras sueltas, se ven interrrumpidas por el ruido de una moto que pasaba por la calle; "la moto" decía señalando el vehículo. Sonreímos porque era la primera vez que la escuchábamos decir algo espontáneamente, y allí también de manera no forzada, ella lanzó una carcajada -eso sí, tapándose la boca - A partir de ese momento, empezó a responder a más preguntas, cómo qué había comido, dónde estaba la hermana, si le tenía miedo a las motos.
Su padre le preguntó qué le había enseñado a decir el abuelo. Ella movía los labios haciendo la mímica, pero no decía la palabra. Hizo eso tres o cuatro veces, hasta que finalmente se atrevió a decir "uta" y las carcajadas volvieron a soltarse. También, nos mostró qué gestos hace cuando alguien noo está del todo bien (coloca su dedo índice en la sien, y lo gira como si estuviera atornillándose la cabeza) ó cuando alguien se pone pesado (coloca las palmas de las manos hacia arriba, y las sube y las baja al mismo tiempo). Por momentos, las carcajadas iluminaban el barrio, que por esas horas estaba sin luz en sus calles.
Se despidió, saludando con su manito, y tirando un beso a cada uno de nosotros.
Entré a casa nuevamente, y pensé en cuánto había pasado en tan poco tiempo. Estaba contento...
Pero después también seguí trabajando mi cabeza, y pedí por favor que el tiempo no siguiera pasando para ella, por lo menos por ahora. Que siguiera en ese mundo en el que soltar una sonrisa es tan fácil como conseguir una dosis de paco en este. Que continúe en ese mundo en el que "puta" es apenas un término para que el resto se ría; lejos está de ocupar el rol de cualquiera de los tantos agravios que oímos día tras día por los medios de comunicación. Qué siga en ese mundo en el que ella misma determina quién "tiene que atornillarse la sien"; y no en este mundo en el que, aunque no nos demos cuenta, nos imponen quién es tal o cual cosa. En fin, que continúe con esa sonrisa fresca, esa mirada nítida, esas ganas de luchar, esa picardía sana, esa alegría a flor de piel, pero que siga en ese mundo... mientras intentamos que todas esas cosas sean importantes y valgan la pena en este mundo...

jueves, 4 de febrero de 2010

De Todo un Poco somos...

De todo un poco somos los argentinos.
Hipócritas y también honestos,
vagos y buena gente,
solidarios y atentos,
altaneros e inteligentes,
respetuosos y malevos,
amistosos y delincuentes.

De todo un poco somos los argentinos.
Picarones y también mentirosos,
Inútiles y caballeros,
superficiales y generosos,
cálidos y groseros,
apasionados y morosos,
amargos y verdaderos.

De todo un poco somos los argentinos.
Confidentes y también analfabetos,
chusmas y esperanzados,
necios y coquetos,
extravagantes y marginados,
compinches y violentos,
ingenuos y desconsiderados.