Enero y febrero son, por excelencia, los meses del año más distendidos, flojitos, tranquilos, lights, o como quieras decirle. El tiempo de vacaciones, sin duda modifica el humor de los argentinos, al punto de lograr que lo que en cualquier momento del año es motivo de grandes discusiones y conflictos, en este período es visto con más calma y hasta tomado con más humor. Todo es distinto en el verano: el humor, las ganas, el sueño, la tele, las noticias, etcétera. Claro que esa sensación de tranquilidad esta vez se vio alterada por nuestra clase política y sus idas y vueltas con las reservas del Banco Central, las inundaciones por las lluvias, el terremoto de Haití y el de hace apenas cuarenta y ocho horas en Chile.
Al margen de eso (si es que cabe algo al margen), seguía siendo verano, seguía el calorcito, la pileta, el buen tiempo para reunirse con la familia y con amigos, entre otras cosas.
Pero, señoras y señores, lamentablemente ha llegado el 1 de marzo. Definitivamente, la vuelta al caos: ya casi todo el mundo está de vuelta en sus ciudades, se acabó el recambio turístico y todos esos flashes informativos típicos del período vacacional. El despertador sonará más temprano, puesto que el tránsito volverá a ser un abstáculo a la hora de llegar a horario. Ahora vemos a Cristina inaugurando el 128º período de sesiones ordinarias de nuestro Congreso, que de Congreso sólo mantiene el nombre por estos tiempos. Hay que cocinar ya porque se hace tarde para que lleguen los chicos a la escuela. Habrá que estar atentos al gremio al cual pertenece el docente para saber si hará paro todas las semanas, o semana por medio. Habrá que viajar apretados en colectivos y subtes. Deberemos soportar los eternos piquetes que se interponen en nuestro camino hacia el trabajo o la facultad. Tendremos que trabajar, estudiar, rendir exámenes, aguantar al jefe. Morirnos de calor, y después de frío. Llegar a fin de mes. Hoy por hoy, ni siquiera pensar en Sudáfrica nos da un poco de aliento, más bien nos hace implorar un milagro; más o menos lo mismo que debemos hacer para que haya 180 días de clases. Nos hablarán del bicentenario tooodoooo el tiempo, y después, comenzará "la carrera" a las presidenciales del 2011. En el medio, tratarán de corregir la ley de medios, interpelarán a funcionarios públicos y buscarán frenar la corrupción. Todo mentira. Otros querrán seguir gambeteando la institución legislativa como lo vienen haciendo, con éxito hasta este momento. Seguirán hablandonos de los derechos humanos pero continuaremos viendo mendigos, chicos refugiados en la droga, menores trabajando en vez de estudiando. Seguiremos reclamando Malvinas. Seguirán riendose en nuestros rosotros. Nos seguirán hablando de los derechos humanos. Seremos grandes expectadores de la lucha del ejecutivo con alguien que se le cruce por delante, cualquiera. Seguiremos creyendo que algo puede cambiar y que hay gente honesta y digna. Esperaremos el tiempito libre para juntarnos con los que queremos. Seguiremos, a pesar de todo, siendo orgullosamente argentinos.
Con tanto por delante... ¿Cómo no pensar en el próximo descanso?
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Rodri esta muy bueno el blog y la verdad que si, arrancamos a las corridas de nuevo! Como tu post anterior de que vivimos esperando , maldita concepción lineal de la vida. Nos vemos dolape!
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